Lo cierto es que hemos hecho muchos viajes juntos, pero el que hicimos a Verín, lo recuerdo con especial cariño. Quizás porque fue nuestra primera escapada romántica, quizás porque estuvo lleno de magia… lo cierto es que fue una experiencia inolvidable.
La localidad orensana de Verín está a tan sólo tres horas de donde vivimos así que, el viernes por la noche, me recogió al salir de trabajar y nos fuimos en su coche directos a ese hermoso pueblo. Como llegamos muy tarde, nos fuimos directos al hotel. Unas amigas me habían hablado de una especie de casa rural, de un parador con encanto… y allí nos alojamos.
El Parador de Verín es un lugar para soñar, pues se ubica en la antigua fortaleza de Monterrei. Desde la ventana de nuestra acogedora habitación teníamos una vista privilegiada de toda la provincia de Ourense,
de los bosques, de los pinos, robles y abetos que salpican esta bella tierra.
Así, nuestra primera noche de amor la pasamos en este edificio que reproduce la arquitectura de los pazos gallegos, donde la piedra de granito se enciende con el sol.
La habitación hace
una llamada al confort y a la relajación… pero también a la pasión y al amor. Sus delicados suelos de madera, sus paredes decoradas en tonos ocres, nos dejaron anonadados. Ciertamente teníamos la impresión de estar en un castillo, viviendo un cuento, nuestro cuento, nuestra historia de amor.
Por el día, el hermoso jardín que rodea el parador y la piscina, discretamente camuflada entre los setos, fueron testigos de nuestra sensualidad, afecto y mutua adoración.




