Escapadas Romanticas

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Escapada romántica a La Rioja: Santo Domingo de La Calzada

Cuando cumplí 30 años, decidí que no quería una fiesta para celebrarlo. Yo soy muy amiga de las fiestas, así que mi negativa preocupó a mi novio. Cuando me preguntó por qué no quería celebrarlo, le respondí que porque no quería que nadie me recordase que me estaba haciendo vieja. Después de soltar una sonora carcajada, me cogió de la mano y me dijo: “Haz la mochila y vámonos”. Cuando le pregunté a dónde, me respondió, con una sonrisa de oreja a oreja: “a donde el camino nos lleve”.

Y así fue cómo comenzó el viaje más romántico que he vivido. El destino (o el cansancio) nos hizo parar en el pueblo riojano de Santo Domingo de la Calzada. ¡Qué maravilla! Nos quedamos anonadados ante la belleza arquitectónica de sus edificios: la catedral, el convento cisterciense, el albergue de peregrinos, la iglesia de San Francisco…

Pronto se hizo de noche y, después de este paseo romántico por las calles de Santo Domingo de la Calzada, nos decidimos a buscar un hotel. Preguntamos a los lugareños y nos

recomendaron el Parador de Turismo Bernardo de Fresneda, situado en pleno casco histórico.

Aunque nos habían hablado muy bien de este parador, no imaginamos que nos iba a gustar tanto. Es en realidad, el convento de San Francisco, edificio construido a finales del siglo XVI y que consta de tres áreas claramente diferenciadas: iglesia, taller-museo y hospedería. Es un lugar idóneo para el turismo rural, para realizar románticos paseos por la naturaleza y también para pasar un buen rato en la estación de invierno de Ezcaray.

La habitación en la que nos entregamos el uno al otro estaba bellamente decorada. En ella predominaban los tonos cálidos que invitaban al confort y a la

relajación.

Antes de volver a casa, al día siguiente, tuvimos tiempo para disfrutar de la sabrosa gastronomía de la zona: caracoles, menestra de verdura, pimientos del piquillo rellenos, costillas de cordero asadas, manitas de cerdo, cocido de caparrones, merluza a la romana…

Me fui de allí más contenta que unas Pascuas y más enamorada, si cabe, de mi chico por haberme sorprendido con tan grata sorpresa.

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