Nos sorprendió la noche ya casi llegando a Granada, aunque el viaje había sido largo, nuestros deseos y las ansias de estar a solas, compensaban en cansancio. Como buenos amantes necesitábamos pasión y romanticismo, habíamos encontrado el mejor alojamiento que podría ofrecernos ese ambiente de intimidad y privacidad que tanto deseábamos. Llegamos a aquel Hotel con encanto aun con la lluvia cayendo, entre sonrisas y gestos de apuro, corrimos hacia la entrada, nuestra habitación ya estaba lista, adornada con toques especiales y desprendiendo ese aroma tan particular que incitaba al deseo y la complicidad.
El hidromasaje nos relajo por completo, fue como si estuviésemos en otro lugar en donde solo existían nuestr
os pensamientos y nuestros cuerpos. Una vez terminamos, nos vestimos elegantemente y bajamos al restaurante de aquel hotel con encanto, queríamos disfrutar de una velada romántica, sumergidos en una atmosfera de encanto y miradas entrelazadas.
Mientras disfrutábamos de nuestra cena, contemplábamos la esplendida arquitectura del hotel, charlábamos del ayer y del mañana, llenando la mesa de sonrisas y buenos deseos. Terminamos de cenar y ya sin la lluvia presente, salimos a la terraza del hotel, entre nubes la luna alcanzaba a relucir, una vista maravillosa enmarco aquel bello momento, entre la frescura de la noche y un ligero viento, brindamos por nuestro amor y lo sellamos con un beso en aquel hotel con encanto.
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