Escapadas Romanticas

Decubre las mejores escapadas romanticas. Escapadas romanticas de fin de semana. Viajes y destinos romanticos, Paradores Nacionales, hoteles con encanto, casas rurales…

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Oferta Fin de Año en Riba Roja del Turia (Valencia)

Se aproximan las entrañables fiestas de Navidad y, aunque lo más habitual es pasar la Nochebuena con la familia, muchas parejas prefieren disfrutar solos de la noche de fin de año. Por eso, muchos hoteles han preparado ofertas especiales para hacer del último día del año, una jornada romántica y memorable.

Es el caso del Hotel Muralleta, en Riba Roja del Turia, Valencia. Este encantador hotel está ubicado en el corazón del Parque Natural del Turia, en un paraje de ensueño a tan sólo 15 kilómetros de la ciudad de Valencia.

La oferta especial Nochevieja que el Hotel Muralleta ha preparado incluye cena, cotillón, uvas de la suerte, alojamiento y desayuno y tan sólo por 100 euros por persona.

Disfrutaréis de una sabrosa cena

compuesta por: jamón ibérico, brochetas de langostinos con espárragos abrigados, ensalada de pimientos asados con filete de sardina confitada y salsa de salmorejo, canelones de merluza en salsa verde con almejas, delicias de confit de pato a la naranja, pan, café y dulces navideños.

Tomar las uvas al lado de la persona que amas, no tiene precio. Después de la cena, tendrá lugar el cotillón en el que brindaréis una y mil veces por vuestro amor y disfrutaréis juntos de una divertida y mágica velada.

Acabada la diversión, llega el momento más dulce. Entre las paredes de las habitaciones de este singular hotel, daréis

rienda suelta a vuestra pasión con la seguridad de que, cuando os despertéis al día siguiente, estaréis al lado de la persona más importante de vuestra vida. ¿Acaso existe una mejor manera de empezar el año? ¿Y en mejor compañía?

 

Escapada romántica a La Rioja: Santo Domingo de La Calzada

Cuando cumplí 30 años, decidí que no quería una fiesta para celebrarlo. Yo soy muy amiga de las fiestas, así que mi negativa preocupó a mi novio. Cuando me preguntó por qué no quería celebrarlo, le respondí que porque no quería que nadie me recordase que me estaba haciendo vieja. Después de soltar una sonora carcajada, me cogió de la mano y me dijo: “Haz la mochila y vámonos”. Cuando le pregunté a dónde, me respondió, con una sonrisa de oreja a oreja: “a donde el camino nos lleve”.

Y así fue cómo comenzó el viaje más romántico que he vivido. El destino (o el cansancio) nos hizo parar en el pueblo riojano de Santo Domingo de la Calzada. ¡Qué maravilla! Nos quedamos anonadados ante la belleza arquitectónica de sus edificios: la catedral, el convento cisterciense, el albergue de peregrinos, la iglesia de San Francisco…

Pronto se hizo de noche y, después de este paseo romántico por las calles de Santo Domingo de la Calzada, nos decidimos a buscar un hotel. Preguntamos a los lugareños y nos

recomendaron el Parador de Turismo Bernardo de Fresneda, situado en pleno casco histórico.

Aunque nos habían hablado muy bien de este parador, no imaginamos que nos iba a gustar tanto. Es en realidad, el convento de San Francisco, edificio construido a finales del siglo XVI y que consta de tres áreas claramente diferenciadas: iglesia, taller-museo y hospedería. Es un lugar idóneo para el turismo rural, para realizar románticos paseos por la naturaleza y también para pasar un buen rato en la estación de invierno de Ezcaray.

La habitación en la que nos entregamos el uno al otro estaba bellamente decorada. En ella predominaban los tonos cálidos que invitaban al confort y a la

relajación.

Antes de volver a casa, al día siguiente, tuvimos tiempo para disfrutar de la sabrosa gastronomía de la zona: caracoles, menestra de verdura, pimientos del piquillo rellenos, costillas de cordero asadas, manitas de cerdo, cocido de caparrones, merluza a la romana…

Me fui de allí más contenta que unas Pascuas y más enamorada, si cabe, de mi chico por haberme sorprendido con tan grata sorpresa.

Hotel romántico en Verín (Ourense)

Lo cierto es que hemos hecho muchos viajes juntos, pero el que hicimos a Verín, lo recuerdo con especial cariño. Quizás porque fue nuestra primera escapada romántica, quizás porque estuvo lleno de magia… lo cierto es que fue una experiencia inolvidable.

La localidad orensana de Verín está a tan sólo tres horas de donde vivimos así que, el viernes por la noche, me recogió al salir de trabajar y nos fuimos en su coche directos a ese hermoso pueblo. Como llegamos muy tarde, nos fuimos directos al hotel. Unas amigas me habían hablado de una especie de casa rural, de un parador con encanto… y allí nos alojamos.

El Parador de Verín es un lugar para soñar, pues se ubica en la antigua fortaleza de Monterrei. Desde la ventana de nuestra acogedora habitación teníamos una vista privilegiada de toda la provincia de Ourense,

de los bosques, de los pinos, robles y abetos que salpican esta bella tierra.

Así, nuestra primera noche de amor la pasamos en este edificio que reproduce la arquitectura de los pazos gallegos, donde la piedra de granito se enciende con el sol.

La habitación hace

una llamada al confort y a la relajación… pero también a la pasión y al amor. Sus delicados suelos de madera, sus paredes decoradas en tonos ocres, nos dejaron anonadados. Ciertamente teníamos la impresión de estar en un castillo, viviendo un cuento, nuestro cuento, nuestra historia de amor.

Por el día, el hermoso jardín que rodea el parador y la piscina, discretamente camuflada entre los setos, fueron testigos de nuestra sensualidad, afecto y mutua adoración.

Viaje romántico a Ourense. San Estevo de Ribas de Sil.

Decidí sorprenderlo con un viaje que sabía que le iba a gustar. Su madre le había hablado mucho de su pueblo natal, pero él nunca había estado allí y, tal y como me lo suponía, sus ojos se iluminaron cuando le desvelé el destino de nuestra escapada romántica.

Tardamos mucho en encontrar dicho pueblo, nos perdimos varias veces, pero al final llegamos a la localidad orensana de Santo Estevo de Ribas de Sil.

Pude ver como los ojos se le inundaban de lágrimas al contemplar que el paisaje era tan hermoso como su madre se lo había descrito: estábamos a orillas del río Sil, en un lugar de ensueño, un enclave mágico, una llamada al confort y al descanso… Caminamos cogidos de la mano a través de aquella tierra salpicada de interesantes iglesias, abadías, castillos, puentes y ermitas de peregrinaje.

Pasamos la noche en el romántico parador de Santo Estevo de Ribas de Sil, aislado en lo alto de un monte de la Ribeira Sacra. Lejos del mundo, nos entregamos el uno al otro, dando rienda suelta a la pasión.

Al día siguiente, antes de regresar a casa, nos trasladamos hasta la ciudad de Orense, donde nos dimos unos gratificantes baños juntos en las termas, bajo los cálidos chorros de agua termal de origen romano. Después de ese momento de relajación y confort, pudimos

disfrutar

de la gastronomía de la zona: empanadas de lomo de cerdo, lacón trufado, truchas, botelo de Becerreá y la riquísima bica de Trives.

Llegamos a casa cargados de bolsas con vinos de la Ribeira Sacra, queso de tetilla, porcelana de Sargadelos, tarta de Santiago… y es que el viaje nos había sabido a poco.

Escapada romántica a Cáceres: Jarandilla de la Vega

Lo recuerdo perfectamente. Era su cumpleaños y, cuando llegó a casa, se encontró con las maletas en la puerta.

- Cariño, nos vamos de viaje – le dije. Y sus grandes ojos verdes, de pronto, se iluminaron.

Mi amiga Marta me había hablado muy bien de un pueblecito cacereño al que había ido con su marido. Así que, ni corta ni perezosa, lo cogí de la mano y nos subimos a un tren rumbo a Extremadura. Después de unas cuantas combinaciones de transporte, llegamos por fin a Jarandilla de la Vera, tierra de agua y nieve, de bosques, de mitos y leyendas y de parajes de espectacular belleza.

El romanticismo inunda las calles de esta localidad, que ha sabido mantener el ambiente medieval en su trazado urbanístico y en sus edificios. Admirando el castillo-palacio de los Condes de Oropesa jugamos a adivinar cuántos amores habrían surgido entre los bellos muros de piedra del monumento.

No teníamos más que dos días, así que había que aprovecharlos al máximo.

Durante el día, recorrimos todos los entresijos del pueblo y, por la noche, disfrutamos del romanticismo que nos ofrecía el Parador de Turismo Carlos V, un espectacular palacio-fortaleza, rodeado de legendarios olivos y hermosos naranjos, cuyas flores transmiten fragancias a azahar y que sigue manteniendo esa atmósfera de paz y tranquilidad, como si estuviese perdido en el tiempo.

Desde el patio central vimos juntos la puesta de sol, un patio de ensueño, repleto de palmeras que, unidas al verde de la hiedra, crean un ambiente

único para el amor.

El segundo día lo aprovechamos para visitar el valle del Jerte, un paisaje sin igual donde sacamos unas maravillosas fotos que, una vez en casa, no podíamos dejar de mirar. Allí nos juramos amor eterno.