Escapadas Romanticas

Decubre las mejores escapadas romanticas. Escapadas romanticas de fin de semana. Viajes y destinos romanticos, Paradores Nacionales, hoteles con encanto, casas rurales…

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Hotel romántico en Tortosa (Tarragona)

Nuestro amor fue uno de esos amores cibernéticos que están tan de moda. Un

día me metí en un chat, con el único fin de entretenerme una noche fría de invierno y, ahí estaba él, la persona de la que, unos meses después estaba totalmente enamorada. Él vivía en Asturias y yo en Murcia y decidimos encontrarnos por primera vez en territorio neutral: en Tarragona.

Nuestra primer fin de semana romántico fue en la localidad de Tortosa, una de las ciudades más antiguas de Cataluña. Quedamos delante de la catedral para después, marcharnos a nuestro nido de amor, un hotel romántico que fue testigo de nuestros primeros besos.

Nos alojamos en el Castillo de la Zuda y, nada más llegar, al contemplar aquellas extraordinarias panorámicas desde las aldeas nos dimos cuenta de que aquel era el lugar ideal para disfrutar el uno del otro, para conocernos en initmidad.

Este hotel nos deslumbró por su belleza, su historia y su originalidad. Cuenta con un inmenso patio de armas, rodeado de fuertes murallas desde donde se puede ver el río Ebro. Cogidos de la mano contemplamos el corazón de Tortosa desde las alturas: la antigua judería, la catedral, los restos de la ciudad medieval…

Como aventureros, como dos niños traviesos, quisimos inspeccionar el pozo que se halla en el patio del parador, al que pudimos acceder fácilmente por una rampa y en cuyas galerías se conserva la tahona donde antaño elaboraban el pan, la almazara para el aceite y los almacenes de alimento que garantizaban aguantar un prolongado asedio.

El encanto del hotel lo completan los salones, que evocan la cautivadora historia de Tortosa. Sin duda esta será una historia que contaremos a nuestros nietos.

Fin de semana romántico en Puebla de Sanabria (Castilla y León)

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Cuando me dijo que el destino de nuestro fin de semana romántico sería Puebla de Sanabria, refunfuñé y puse mala cara. No me apetecía en absoluto ir a un pueblo del que apenas había oído hablar. Yo quería ir a París, ciudad del amor, o a la romántica Roma, o a la siempre fascinante Sevilla…

Sin embargo, cual sería mi sorpresa que, después de conducir durante unas cuantas horas, llegamos a una localidad de la que quedé completamente enamorada. Y es que la belleza de Puebla de Sanabria, que se encuentra en la falda del macizo de Trevinca, no tiene igual.

Nos perdimos, consiguiendo al fin esa intimidad que tanto echábamos en falta, por aquella villa que domina un espolón rocoso sobre el cauce del Tera, y que se distingue por sus tradicionales construcciones. No sabíamos volver a nuestro hotel, pero daba igual. Éramos felices recorriendo sus angostas calles, a las que se asoman preciosos balcones y en los que domina la siempre hermosa y romántica piedra. Las construcciones populares se entremezclaban con palacios de hidalgos… y jugamos a inventar las historias de caballeros y damas que habrían tenido lugar entre aquellos muros.

Puebla de Sanabria, gracias a su recinto amurallado y a su fortaleza (de la que no teníamos ninguna gana de salir), fue calificada como “plaza militar“. Aprovechamos nuestra desorientación para visitar el

majestuoso castillo, una robusta fortaleza de planta cuadrangular y que data del siglo XV.

Después de un día agotador (pero inolvidable) recorriendo las calles de esta localidad de Castilla y León, nos fuimos a pasar una noche de ensueño en nuestro hotel. Al día siguiente, nos esperaban aún más aventuras que compartir: íbamos a hacer la Ruta del Románico, desde el valle del Tera, para ver el monasterio de San Martín de Castañeda, las

iglesias de Santa María del Azogue y Santa María de Tera y otros interesantes ejemplos de un románico con raíces en tiempos mozárabes.

Un viaje romántico a Tordesillas (Valladolid)

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Nuestro último viaje romántico fue una experiencia que jamás olvidaremos. Era nuestro quinto aniversario y queríamos pasarlo en un lugar especial. Yo siempre había tenido muchas ganas de ir a Tordesillas (Valladolid), porque mi padre desde que era pequeñita me narraba la belleza de aquel lugar, relato que yo siempre escuchaba boquiabierta. Así que este fue el regalo de mi pareja: una escapada romántica a Tordesillas.

Tordesillas está situada a 29 kilómetros de Valladolid, a orillas del río Duero. Además de ofrecer parajes de ensueño y bucólicas estampas, en esta localidad pudimos admirar el fascinante puente de piedra, el casco antiguo, la Plaza Mayor, las iglesias de San Pedro y San Antolín, el Palacio de los Rodríguez de las Varillas, las torres de Santa María y de San Juan, el monasterio Real de Santa Clara, las casas del Tratado… También desde ahí hicimos unas románticas excursiones a Medina del Campo, donde se halla el asombroso Castillo de la Mota, a Simanca, a Ureña y a San Cebrían de Mazote.

Por la noche, mi chico me sorprendió con una cena romántica a base de los productos típicos de la zona: potaje de garbanzos, pimientos asados, carne secada, gallina de granja y bacalao al estilo fonda.

Al día siguiente, nos aventuramos con la famosa Ruta Mudéjar, desde el Parque Temático Pasión Mudéjar, ruta que incluye La Mota y otras muchas fortalezas de la provincia vallisoletana próximas a Tordesillas.

Antes de irnos, quisimos llevarnos algún recuerdo de aquel pueblo que fue testigo de nuestro apasionado amor. En las entrañables tiendas de Tordesillas compramos unas botellas del famoso vino de Rueda, los típicos polvorones y amarguillos… y un poco de aguardiente para mi suegra.

Escapada romántica a Covadonga (Asturias)

Fue el año pasado, justo por estas fechas. Queríamos aprovechar el Puente de la Constitución pero, como siempre, lo dejamos todo para le último momento. Así que, cogimos el coche y condujimos sin rumbo fijo… hasta llegar al bello pueblo asturiano de Cangas de Onís.

Nada más bajar del coche, quedamos anonadados con el encanto de aqulla localidad, sita al pie de la montaña de Covadonga. Sobre las frías aguas del río Sella se erige, majestuoso, el puente más emblemático de Asturias, de origen medieval.

Tampoco nos quedamos indiferentes ante la grandiosidad de la caverna que alberga el santuario de Covadonga, a pesar de que buena parte de esta cueva aún está por descubrir (en el siglo XVI se derrumbó parte de su bóveda interior). Perdidamente enamorados, nos

perdimos por oscuras galerías y calles interiores , bajo la romántica luz de las antorchas.

En el corazón de esta cueva nace el río Deva, cuyas aguas manan a los pies del famoso santuario en forma de hermosa cascada. Un paraje de ensueño como mis ojos nunca antes habían visto.

También quedamos estupefactos ante la fuentecilla milagrosa que brota de la roca, bajo una cruz asturiana que promete felicidad y matrimonio a los amantes que beben aquellas aguas. Huelga decir que nosotros así lo hicimos… y, hasta ahora, estamos siendo muy dichosos.

Al lado de esta fuente hay una escalera con más

de cien peldaños que conduce al santuario y la tradición dice que los peregrinos deben subirla de rodillas.

Uno de los momentos más hermosos de esta escapada romántica fue cuando descendimos en canoa el río Sella. Después de tamaña aventura, nos besamos y nos juramos amor eterno.

Un viaje romántico a Jaén

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Fue al poco de conocernos. Éramos de ciudades diferentes y resultaba complicado, en ocasiones, vivir un amor a distancia. Por eso, las pequeñas escapadas románticas eran un soplo de luz, aire fresco para nuestra relación. Disfrutábamos estando solos, sin más compañía que la del uno con el otro.

Elegimos Jaén porque yo soy una enamorada de las tierras andaluzas. Por allí nos perdimos, paseando por sus hermosas calles, visitando la catedral, en el corazón de la ciudad antigua. También hicimos una parada en los Baños de Alí, que constituyen

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la belleza del equilibrio espacial del arte civil de la Jaén islámica. Dichos Baños estaban situados en los sótanos del Palacio de Villardompardo, donde también se halla el Museo de

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Artes y Costumbres Populares y el Museo Internacional de Arte Naïf.

Pasamos dos noches de ensueño en uno de los lugares más hermosos y románticos que mis ojos han contemplado: el Parador de Jaén. Allá, en lo alto, dominando la ciudad desde el cielo, está la antigua alcazaba musulmana que alberga en su interior el castillo de Santa Catalina. Nada más entrar en él quedamos extasiados ante la grandiosidad arquitectónica y escultórica del edificio y, estupefactos, contemplamos cómo convergen los arcos cruzados ojivales en el centro de la bóveda superior.

Mi chico me sorprendió con una exquisita cena romántica en el salón comedor, que cuenta con una gran chimenea medieval. Tras la cena, dimos rienda suelta a la pasión en los acogedores aposentos de ese Parador de Jaén, inmersos en la más hermosa de las paces.

Antes de despedirnos, contemplamos juntos desde la terraza la ciudad de Jaén, aquella que fue testigo del amor que nos profesamos.