A mí y a mi pareja siempre nos ha gustado estar en contacto con la naturaleza. Pocas sensaciones en el mundo son mejores que aislarse del caos de la ciudad, olvidarse las preocupaciones y alejarse del mundo en compañía
de esa persona que tanto amas.
No teníamos ni idea de a donde ir, así que cogimos el coche un viernes y nos lanzamos a la aventura. De este modo fue como llegamos a Beruete, un rincón encantador en la provincia de Navarra.
Tras preguntar a algunos vecinos de la zona, decidimos alojarnos en un hotel rural del que nos hablaron auténticas maravillas: el Hotel Peruskenea. Este encantador hotel, situado en un paraje de ensueño, en medio del bosque, es un caserío tradicional reformado para ofrecer a los visitantes las mejores comodidades. Apostados ante sus puertas, nos miramos como dos adolescentes y sonreímos, cómplices, con la certeza absoluta de quien sabe que está por vivir uno de los momentos más hermosos de su vida.
Así, disfrutamos de nuestro amor en un lugar mágico, donde las habitaciones llevaban los nombres de pequeños duendecillos, protagonistas de numerosas leyendas que circulan por la zona. Nuestro dormitorio era acogedor y confortable, con unas vistas magníficas al valle de Basaburua.
En el restaurante Guiomar, en honor a la historia de la princesa homónima y su sacrificado amor, pudimos disfurtar de una velada tranquila y romántica.
Al día siguiente, desde el hotel nos propusieron adentrarnos en el bosque de Beruete, para realizar un paseo de dos horas hasta las famosas sidrerías. Así, caminando por los senderos de aquellos bosques salpicados de dólmenes y leyendas, cerramos el fin de semana más romántico que hemos vivido hasta entonces.





