Nos sorprendió la noche ya casi llegando a Granada, aunque el viaje había sido largo, nuestros deseos y las ansias de estar a solas, compensaban en cansancio. Como buenos amantes necesitábamos pasión y romanticismo, habíamos encontrado el mejor alojamiento que podría ofrecernos ese ambiente de intimidad y privacidad que tanto deseábamos. Llegamos a aquel Hotel con encanto aun con la lluvia cayendo, entre sonrisas y gestos de apuro, corrimos hacia la entrada, nuestra habitación ya estaba lista, adornada con toques especiales y desprendiendo ese aroma tan particular que incitaba al deseo y la complicidad. Si te interesa, sigue leyendo…