Escapadas Romanticas

Decubre las mejores escapadas romanticas. Escapadas romanticas de fin de semana. Viajes y destinos romanticos, Paradores Nacionales, hoteles con encanto, casas rurales…

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Casa rural en Zaragoza: Parador de Sos del Rey Católico

La prima de mi chico nos invitó a su boda. Se casaba en un pueblo de Zaragoza, Sos del Rey Católico y nosotros vivimos casi en la otra punta del país, por lo que tuvimos que reservar un hotel. El destino quiso que fuésemos a parar

al Parador de Turismo Fernando de Aragón, una encantadora casa

rural de la que guardamos un muy grato recuerdo.

La construcción del Parador de Turismo de Aragón se inició en 1972 y su inauguración tuvo lugar el 31 de octubre de 1975. El parador armoniza con el estilo dominante de la villa  y se ubica junto al punto más avanzado de una muralla medieval, en el interior del recinto histórico de Sos del Rey Católico.

Desde este encantador hotel, que cuenta con amplias terrazas y ventanales cubiertos, se puede admirar la grandiosidad del Pirineo. Una estampa única para contemplar al lado de la persona que amas. Desde nuestra habitación contemplamos el espectacular amanecer en la Sierra de Leyre.

El día después de la boda, como estábamos tan fatigamos, fuimos por recomendación de la familia de mi pareja, al pantano de Yesa donde disfrutamos de unos baños terapéuticos al aire libre gratuitos, en medio de las ruinas de unas termas romanas. También allí pudimos aplicarnos barrio medicinal sobre la piel, cosa que nuestro cuerpo agradeció bastante después de una noche de fiesta.

Antes de marcharnos, paramos a comprar algún recuerdo de aquel romántico lugar y lo cierto es que nos fuimos cargados para casa: suspiros de monja, teresitas de Aragón, tortas del alma, almendrados, moscatel... Pues eso, que al llegar a nuestra casa, ¡nos pusimos las botas!

Escapada rural a Huesca: Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Si me preguntasen cuál es el lugar más romántico en el que he estado jamás, a muchos sorprenderá mi respuesta. Para mí, la belleza de Bielsa (Huesca) no tiene parangón. Esta encantadora localidad fue el escenario de los mejores momentos de mi vida.

Llevábamos tres años juntos cuando me propuso hacer este viaje. Yo, una loca de la aventura, evidentemente acepté de buen grado. Así que allá nos fuimos, mi chico, mi maleta y yo conduciendo hasta el corazón del Pirineo de Huesca.

Nos enamoramos de aquellos bucólicos parajes nada más verlos. Y es que Bielsa es totalmente un paraíso terrenal: fascinantes lagos, frondosos bosques de alta montaña y parajes inundados de mitos y leyendas. El sitio más hermoso que mis ojos vieron jamás es, sin duda, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. 

La visita a este

parque, que fue declarado en 1918 Patrimonio de la Humanidad, es una excelente oportunidad para captar los latidos de la madre naturaleza. Sin lugar a dudas, es uno de los escenarios naturales más impresionantes del mundo. 

Cogidos de la mano llegamos a la cascada del Estrecho de la Cueva, considerada la catarata más espectacular de todo el Pirineo. En ella, el río Azas se precipita sobre dos grandes escalones naturales separados por una plataforma superior y otra inferior.

En medio de tanta belleza, en aquel lugar de ensueño, de repente, me pidió matrimonio. Yo acepté y lo celebramos a lo grande en el Parador de Turismo Monte Perdido, un romántico hotel que respeta la

arquitectura típica de la zona.

Un viaje romántico a Hondarribia (Guipúzcoa)

Nuestra historia de amor es bastante particular. Yo estaba, desde hacía mucho cheap car insurance tiempo, perdidamente de él pero él no lo sabía… o prefería no saberlo. Yo era su mejor amiga y tenía que soportar, paciente, como continuamente me hablaba de la chica que le gustaba. Nuestros amigos, que se daban cuenta de lo que pasaba, nos hicieron una encerrona y urdieron una trama de modo que acabé perdida en un pueblo de Guipúzcoa.

Estaba en Hondarribia esperando a que llegasen mis amigas y, en el último momento llamaron para decir que se les había estropeado el coche.

Enfadada, me dispuse a explorar el pueblo, un pueblo que está a tan sólo 18 kilómetros de San Sebastián. Mientras caminaba por le casco antiguo cuál sería mi sorpresa: allí estaba él, paseando también a la espera de que llegasen sus amigos. Rápidamente caímos en la cuenta de que nunca iban a llegar. Nos reímos ante la situación y, después de hablar un buen rato y tomar unas copas… saltó la chispa del amor.

Nos fuimos al hotel que teníamos reservado, un hotel de ensueño, donde pasamos los momentos más románticos de nuestras vidas: el Parador del Emperador. Este parador está instalado en el edificio más antiguo de Hondarribia: el castillo. Así, estar dentro de aquel edificio era como estar dentro de una antigua fortaleza, donde todos los sueños pueden hacerse realidad.

Debo decir que los trabajos de restauración llevados a cabo en la fortaleza para adaptarlas a las necesidades hosteleras de nuestros tiempos son increíbles. Así, hay una perfecta armonía entre el legado histórico del lugar y los nuevos elementos incorporados tras la restauración.

Así nació nuestro amor, entre arcos de piedra, escalinatas, ventanales, cortinas y bóvedas medievales. Porque el Parador del Emperador es, en definitiva, un lugar difícil de olvidar.

Escapada romántica a La Rioja: Santo Domingo de La Calzada

Cuando cumplí 30 años, decidí que no quería una fiesta para celebrarlo. Yo soy muy amiga de las fiestas, así que mi negativa preocupó a mi novio. Cuando me preguntó por qué no quería celebrarlo, le respondí que porque no quería que nadie me recordase que me estaba haciendo vieja. Después de soltar una sonora carcajada, me cogió de la mano y me dijo: “Haz la mochila y vámonos”. Cuando le pregunté a dónde, me respondió, con una sonrisa de oreja a oreja: “a donde el camino nos lleve”.

Y así fue cómo comenzó el viaje más romántico que he vivido. El destino (o el cansancio) nos hizo parar en el pueblo riojano de Santo Domingo de la Calzada. ¡Qué maravilla! Nos quedamos anonadados ante la belleza arquitectónica de sus edificios: la catedral, el convento cisterciense, el albergue de peregrinos, la iglesia de San Francisco…

Pronto se hizo de noche y, después de este paseo romántico por las calles de Santo Domingo de la Calzada, nos decidimos a buscar un hotel. Preguntamos a los lugareños y nos

recomendaron el Parador de Turismo Bernardo de Fresneda, situado en pleno casco histórico.

Aunque nos habían hablado muy bien de este parador, no imaginamos que nos iba a gustar tanto. Es en realidad, el convento de San Francisco, edificio construido a finales del siglo XVI y que consta de tres áreas claramente diferenciadas: iglesia, taller-museo y hospedería. Es un lugar idóneo para el turismo rural, para realizar románticos paseos por la naturaleza y también para pasar un buen rato en la estación de invierno de Ezcaray.

La habitación en la que nos entregamos el uno al otro estaba bellamente decorada. En ella predominaban los tonos cálidos que invitaban al confort y a la

relajación.

Antes de volver a casa, al día siguiente, tuvimos tiempo para disfrutar de la sabrosa gastronomía de la zona: caracoles, menestra de verdura, pimientos del piquillo rellenos, costillas de cordero asadas, manitas de cerdo, cocido de caparrones, merluza a la romana…

Me fui de allí más contenta que unas Pascuas y más enamorada, si cabe, de mi chico por haberme sorprendido con tan grata sorpresa.

Viaje romántico a Ourense. San Estevo de Ribas de Sil.

Decidí sorprenderlo con un viaje que sabía que le iba a gustar. Su madre le había hablado mucho de su pueblo natal, pero él nunca había estado allí y, tal y como me lo suponía, sus ojos se iluminaron cuando le desvelé el destino de nuestra escapada romántica.

Tardamos mucho en encontrar dicho pueblo, nos perdimos varias veces, pero al final llegamos a la localidad orensana de Santo Estevo de Ribas de Sil.

Pude ver como los ojos se le inundaban de lágrimas al contemplar que el paisaje era tan hermoso como su madre se lo había descrito: estábamos a orillas del río Sil, en un lugar de ensueño, un enclave mágico, una llamada al confort y al descanso… Caminamos cogidos de la mano a través de aquella tierra salpicada de interesantes iglesias, abadías, castillos, puentes y ermitas de peregrinaje.

Pasamos la noche en el romántico parador de Santo Estevo de Ribas de Sil, aislado en lo alto de un monte de la Ribeira Sacra. Lejos del mundo, nos entregamos el uno al otro, dando rienda suelta a la pasión.

Al día siguiente, antes de regresar a casa, nos trasladamos hasta la ciudad de Orense, donde nos dimos unos gratificantes baños juntos en las termas, bajo los cálidos chorros de agua termal de origen romano. Después de ese momento de relajación y confort, pudimos

disfrutar

de la gastronomía de la zona: empanadas de lomo de cerdo, lacón trufado, truchas, botelo de Becerreá y la riquísima bica de Trives.

Llegamos a casa cargados de bolsas con vinos de la Ribeira Sacra, queso de tetilla, porcelana de Sargadelos, tarta de Santiago… y es que el viaje nos había sabido a poco.