Había anhelado mucho tiempo este reencuentro, el destino nos separo y nos había vuelto a unir, seguíamos tan enamorados como al principio y decidimos celebrar esa ocasión tan especial con un fin de semana romántico en Lugo, una pequeña, pero muy hermosa ciudad con pasado romano, asentada sobre un cerro a orillas del rio Miño. Al llegar a Lugo nos hospedamos en el Hotel Casa do Batan, una antigua finca de 2.500 metros cuadrados, ubicada camino a viveiro, en el valle de Landro. Mientras caminábamos por el hotel tomados de las manos, el murmullo del canal del molino nos emociono, el jardín, la pradera, riachuelos a ambos lados y una casa típica de pueblo piedra, hacían de aquel lugar algo único.
Cualquier pretexto era bueno para demostrarnos nuestro amor, el fin de semana romántico apenas comenzaba. Salimos emocionados a recorrer las tranquilas calles de la ciudad, con edificios sobrios, construidos de granito. Lo primero que nos sorprendió fue el Lucus Agusti, una impresionante muralla milenaria declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco. A pesar del paso del tiempo, esta construcción pétrea sigue siendo el monumento más representativo de la ciudad. En el casco antiguo contem
plamos maravillados la catedral, un templo románico-gótico del siglo XII, con una fachada neoclásica conocida como la puerta de Santiago. En el centro de la Plaza de España y frente a la torre del reloj, culminamos nuestro recorrido con un cálido beso.
Una comida en el restaurante Campos nos permitió comprobar lo mucho que nos amamos, conversando y sonriendo todo el tiempo mientras disfrutábamos de uno de los platos típicos del restaurante, Grelos con cachelos al aceite de oliva virgen. No podíamos esperar más, y regresamos presurosos al hotel, nos desbordamos en pasión en nuestra habitación en rojo, forrada de piedra. Solo puedo describir aquel fin de semana romántico en Lugo, como un sueño hecho realidad.
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